Informe
Texto: Malen Lesser.

ILUSTRACIONES: ROMINA K ARL. por “destreza”, “habilidades duras“ o “potencia física“. La fuerza y la gestión de herramientas pesadas era “caso de hombres“ y aplica al caso de Cynthia Amarilla, mecánica de Ford, que deseaba con toda el alma entender la mecánica y saber reparar un coche porque su familia no podía permitirse comprar un cero kilómetro. También, el de Norma Arrúa, que elige todos los días desafiar los caminos con su camión de carga por las rutas de toda la región sur. Lo mismo para Victoria Vago, carnicera y sommelier de carne. Cada una de ellas demostró que la eficiencia, la precisión y el liderazgo en estos rubros no es cuestión de músculos, sino de conocimiento, atención al detalle y visión estratégica. Y valentía para cumplir sueños, claro.
En el mientras tanto, crujen las bases económicas ligadas a estos significados de “sentido común“ y se sacuden los cimientos de la organización laboral. La economista Mercedes D’Alessandro enmarca: “La igualdad es, a su vez, un problema económico. La economía no es solo hablar de la inflación, la Bolsa o las exportaciones, sino en términos más generales consiste en pensar cómo nos organizamos para producir aquellas cosas que necesitamos, cómo distribuimos el trabajo socialmente y qué le toca a cada uno“ (Economía Feminista, Sudamericana).
Los expertos en la integración de variables socioeconómicas dirían que “la micro“ y “la macro“ no pueden ser pensadas por separado. ¿Se preguntarán, entonces, qué pasa cuando una mujer ingresa a un taller mecánico o se pone el delantal para atender el mostrador y cortar una res para vender por trozo? La respuesta es sencilla: lo humaniza, lo complejiza e innova. Y claro, empuja la economía del trabajo hacia el futuro.
El d o b l e filo d el ester eotip o: l a invisibilida d y l a p r eca rieda d Para entender la magnitud del cambio, entonces, hay que poner el foco en la estructura. Marlise Ilhesca, líder de la Fundación Foro del Sur, trabaja desde hace una década en la agenda de género. La experta señala dos grandes problemáticas en relación a la participación de las mujeres en la economía del trabajo.
Por un lado, aparece la ruptura de ciertos oficios concebidos como “masculinos“ ante el éxito e interés de mujeres en profesiones “disruptivas“, funcionando como referentes para ampliar la participación de otras. Y por Los hombres ya no tienen el monop olio de ciertos oficios y l a transformación es l a única regl a. A fuerza de una oleada de mujeres y diversidades que ganaron espacio, l as profesiones se reconfiguran. Nada está escrito cuando se trata de romper con los moldes preestablecidos.
Estereotipos, liderazgo y profesiones: ell as se hacen carg o de su poder M iss Carbón, la flamante película sobre la vida de la primera minera argentina, es sólo una muestra de cómo, y hasta qué punto, las mujeres y minorías están reconfigurando el liderazgo y las profesiones. Dispuestas a romper el techo de cristal y quedarse con posiciones antes reservadas solo a los hombressea por sus características o por su poderellas arremeten. Esta nota explora (¡y celebra!) su éxito en áreas de trabajo históricamente masculinizadas.
A d o n d e va m os, n o n ec esita m os ca min os ¿Qué hay en común entre la física astrónoma Estefanía Coluccio Leskow al frente del Planetario de Buenos Aires, la camionera Norma Arrúa, la mecánica Cynthia Amarilla, la especialista en ciberseguridad Luján Araujo, la pilota Jenny Dillon y la carnicera con formación en sommelier de carne Victoria Vago?
Todas ellas, con su sola presencia, cuestionan los mandatos de género y transforman la estructura laboral. Sus maneras de ejercer el oficio – sin caminos marcadosreescribe los modos del quehacer profesional. Sin embargo, no es tan simple como parece a primera vista. No se trata solo de tomar lugares antes vedados, sino de reflexionar sobre cómo llegaron allí. La clave está en pensar el porqué hasta hace poco, las mujeres y minorías no accedían a estos puestos o roles. Así, la cuestión es más profunda que una simple elección de carrera.
Durante siglos, a las mujeres se les impuso una estructura educativa tal como la define la politóloga María Florencia Freijo en su best seller “(Mal) Educadas“, Planeta)–, cuyo objetivo principal fue limitarlas. La instrucción era amar sin condiciones y “limitar su propio poder y sus posibilidades expansivas”, según describe la autora. El sistema moldeaba roles femeninos bajo el lema invisible “buenas para los demás”. Pero el mandato histórico es desobedecido poco a poco. Y con esa elección, no sólo está abraza una profesión, busca trazar una historia propia más libre y más consciente. Y por supuesto, abrir camino a otras.
Los avances no fueron sin luchas colectivas y visibilización de distintas problemáticas vinculadas a esto de la mano del feminismo. Al calor de estos movimientos, cada una peleó por desarmar algunas de las trampas y finalmente se fueron desactivando ciertos significados tácitos.
Es ineludible poner sobre la mesa aquello entendido
“A Veces No
Imaginamos Lo
Que Podemos
Lograr Porque
No Existen
Referentes Que Lo
Muestren Como
Una Posibilidad
el otro, la existencia de las profesiones que sí son más comunes en mujeres pero que están muy “invisibilizados”. Como por ejemplo, las profesiones vinculadas al cuidado o a la salud. “Esto es muy perverso porque se ve como un trabajo de menor valor”. Esta invisibilización es la raíz del problema de fondo: la precariedad y la falta de ejercicio en el liderazgo que perpetúa esto mismo.
Yaquí nos encontramos con uno de los conceptos vitales: “techo de cristal“. Pero ¿qué significa? Se trata de la barrera invisible que frena el ascenso de mujeres y minorías a la cima de la jerarquía profesional, a pesar de su cualificación.
Marlise Ilhesca es enfática: “El problema no solamente es el acceso, sino después [la lucha por] que no sea precario, que esté bien reconocido, remunerado, que puedan ascender, que no haya impedimentos que tengan que ver con el género”.
En este sentido, Ilhesca advierte sobre una nueva trampa cultural que amenaza la estabilidad de las mujeres: el embellecimiento del término “emprendedorismo”. “Creo que los últimos años caímos en una gran trampa de un sistema que nos embelleció la palabra del emprendedorismo, y que en el fondo… es asumir otra vez más la precariedad”.
Para las mujeres, sobre todo para quienes son jefas de hogar, la prioridad es “buscar estabilidad, previsibilidad”. Por eso, el trabajo de visibilización del Foro del Sur se enfoca en que las referentes sean mujeres en el mercado formal de trabajo, garantizando reconocimiento, remuneración y beneficios justos. “Y así, sean modelo para otras. Aceptando ciertas condiciones, haciendo valer su labor. Porque lo cierto es que desde la fundación vemos un enorme efecto multiplicador, y en los cursos que damos, los encuentros y las oportunidades, nace una sinergía increíble. Algo que también rompe con el mito de la competencia entre mujeres“. Otro estereotipo.
Además, la visibilización es un acto didáctico que transforma el entorno: alienta el orgullo en colegas y familia, y desarma el mandato de que las mujeres “estamos siempre listas para hacer todo, pero que nadie nos dé”. Es visibilizar lo que está invisible.“A veces no imaginamos lo que podemos lograr porque no existen referentes que lo muestren como una posibilidad real”, dice la Carnicera, politóloga y sommelier de carne. La singularidad de Victoria Vago es indiscutible.
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“Soñaba con tener mi carnicería, pero nunca había pensado en la posibilidad de ser carnicera, no estaba en mi horizonte de posibilidades porque no conocía a una mujer que hiciera lo que yo hago, combinar el saber hacer y la aplicación, con la divulgación y la consultoría. De hecho no me gusta mucho definir lo que hago, se siente una gran responsabilidad y soledad también en esa libertad de inventarse, aunque disfruto mucho el andar a prueba y error. Dejé mi puesto como asesora y me entregué a mucho aprendizaje. La carnicería es un arte de precisión, es más de muñeca y saber dónde entrar el cuchillo que de fuerza bruta y fui ganando confianza”.
“Amo el mostrador, contarle al consumidor, a los gastronómicos y a cada eslabón de la cadena de la carne – que es larguísimasobre trazabilidad, maduración y cortes, y así transformar la venta en una experiencia consciente. Toda mi formación universitaria suma a ello, a quién soy y cómo ejerzo mi profesión porque la carne existe en un contexto sociopolítico“. Vago admite, que es un oficio duro, en donde hay que mostrarse con mucha seguridad en los términos entendidos por el sistema como “masculinos“, ella quiere pensar que va construyendo otras maneras. “Hay que trabajar el doble, pero la búsqueda de ir encontrando matices. De poder transmitir que no es que tal corte de carne es bueno o malo sino que quizás sea más adecuado para una cosa que para la otra, es algo que me caracteriza. Depende para qué lo elegís, con qué propósito, etc. Se puede mirar desde un lugar más rico, diverso y complejo, y creo que eso lo traemos mucho las mujeres.
Otra cosa que noto es que la forma de comunicar más hegemónica y masculina se queda en un nivel muy básico. Nosotras solemos profundizar, hacernos preguntas. Muchas veces veo que nos cuesta decir no sé, porqué al sistema le cuesta, pero la humildad de preguntar, de no saber e investigar, enriquece. Hasta acá, las reglas estaban hechas solo por hombres, que no admiten que no saben algo o lo ven como algo negativo. A mí lo que más me interesa cuando doy cursos es generar esos espacios que me hubiera gustado encontrar porque la carne no se estudia en ningún lado, es experiencia y oficio“.
Jenny Dillon es pilota de avión, formada en acrobacia, e instructora de vuelo. “Para las mujeres se asume que la carrera relacionada con aviones es la de tripulante de cabina, y realmente ser piloto es un rol con el que no sé cuántas pueden soñar porque ni siquiera saben que existe para nosotras. Y por eso me doy cuenta que para otras mujeres es importante ver a otras mujeres haciéndolo, como ejemplo o como acompañamiento. Yo tenía un póster con una aviadora de acrobacia estadounidense en mi habitación cuando era chica, y debe haber sido importante para mí tener esa imagen de Patty Wagstaff en mi cerebro de que una mujer podía hacer eso y fue lo que yo terminé haciendo, incluso antes de saber que lo quería. Años después nos conocimos e incluso volamos juntas”.
Hay algo vinculado a la libertad y a un sentimiento de poder renovado de las mujeres cuando se hacen cargo de sus deseos. El vuelo siempre fue sinónimo de andar por el aire sin ataduras. Pero también es el caso de Norma Arrúa, Cynthia Amarillo que se dedican a los rodados, de algún modo vinculado al concepto de movimiento… pero también de Luján Araujo, y Estefanía Coluccio Leskow. Todas refieren impresiones similares.
“Estar acá arriba significa libertad, pero no para irme de mi casa, sino para hacer un camino. Me encanta mi trabajo”, dice Arrúa sobre manejar largas horas llevando mercancías peligrosas, la mayor parte de las veces. No me “peleo“ con que no hay baños para mujeres, ni tratos que nos consideren, pero cuando me encuentro con una colega la alegría es mutua, pasa algo muy hermoso, una hermandad fuerte entre nosotras. “Parar a ayudar a otra mujer que tuvo una complicación técnica en su auto, como mecánica, es una sensación tan linda y poderosa que no podría explicar con palabras“, asegura Amarillo.
Entre tanto, Araujo reflexiona: “No hay que ser un varón para estar en una posición de liderazgo, suena a pavada pero no lo es. Los sesgos de género operan de forma tan natural e inconsciente que están en lo que elegimos y en cómo pensamos. Es clave decirlo en voz alta, mostrarlo, porque está instalado que las capacidades más técnicas y operativas no son de las mujeres y cuando una mujer se dedica a esto te das cuenta del inmenso aporte que significa. Nosotras, al estar atravesadas por otras cuestiones, tenemos una mirada muchas veces más abierta, descontracturada, que se complementa con grandes varones también dedicados a la ciberseguridad, hablo por mi área. Pero creo que aplica para muchas carreras más “duras“. La falta de referentes es otra cuestión de la que hay que hablar“.
“Por momentos es difícil es la sensación de tener que estar validando que uno está en el cargo de dirección, como es mi caso, porque tiene el conocimiento, y porque sino sabe tiene la capacidad de buscar respuestas y liderar. No digo que sea todo color de rosas, pero es super satisfactorio haber traspasado límites propios y estructurales, pienso seguir haciéndolo“.
“Cuando quise dedicarme a las ciencias eran pocas las mujeres en Física, y más cuando me especialicé en Cosmología, pero con mi mamá matemática me resultó algo de lo que tenía a mano. Creo que ese modelo me facilitó más de lo que pude dimensionar entonces“, confirma Coluccio Leskow, hoy al frente del Planetario, eterna curiosa y amante del cielo. La directora llevó a otro nivel al observatorio, al conseguir que Buenos Aires fuera elegida como la primera ciudad de Sudamérica en ser sede de la conferencia bienal de la Sociedad Internacional de Planetarios en más de medio siglo de historia, promoviendo a la Capital como anfitriona, visibilizando además el trabajo de muchas mujeres que trabajan allí, entre divulgadoras, científicas y técnicas.
Al final, la lección de estas pioneras es que la conquista de un espacio laboral históricamente reservado para ellos es, ante todo, un acto de libertad y una redefinición del poder. Mujeres como Coluccio Leskow, Arrúa, Dillon, Araujo, Amarillo y Vago rompieron techos de cristal, abrieron caminos y sacudieron la estructura. Lo más conmovedor es que no se arrogan todo el mérito completo. Todas traen al relato abuelas y madres que marcaron un rumbo, algunas silenciosas y trabajando desde la economía del cuidado como marcó antes Ilhesca, y traen figuras históricas como la primera minera o la aviadora del póster. Reconocen, que en cada una arde una llama que las precede, las excede y enriquece. Y seguramente, las ampara.
El futuro del trabajo es, indiscutiblemente, femenino y diverso. n “LA IGUALDAD ES, A SU VEZ, UN PROBLEMA
Económico. La
Economía No
Es Solo Hablar
DE LA INFLACIÓN, LA BOLSA O LAS
Exportaciones, Sino
En Términos Más
Generales Consiste
En Pensar Cómo
Nos Organizamos
Para Producir
Aquellas Cosas Que
“El Problema No
Solamente Es
El Acceso, Sino
Después [La Lucha
Precario, Que Esté
Remunerado, Que
Que No Haya
Impedimentos Que
TENGAN QUE VER CON EL GÉNERO”.
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